martes, 15 de enero de 2008

La cultura, una incomodidad para los políticos

Muchas veces me hago una pregunta: ¿Realmente vivimos en una autentica democracia?. Cada vez está más clara la respuesta, un NO rotundo. En la España del siglo XXI estamos acostumbrados a que nuestros queridos políticos nos cuenten con gran orgullo el asentamiento que ha tenido la democracia desde la muerte de Franco y se les llena la boca con promesas e ilusiones preelectorales. Por lo tanto podemos afirmar que esa democracia de la que tanto se jactan, no es un sistema político perfecto como ellos afirman. Hablan acerca del gran avance de la sociedad española desde sus despachos, alejados de la verdadera realidad que cada día nos encontramos en la qué una gran parte de la población (cada vez mayor) vive aborregada aceptando sin pensar ni juzgar las decisiones de los líderes, los cuales aprovechar esta situación para acomodarse en sus sillones mientras la población se vuelve ignorante e inculta.

Nuestra sociedad se está convirtiendo día a día en un lugar donde el desinterés por las cosas, el universalismo de las costumbres y la marginación de aquellos que no se adaptan a ella reinan sin que nadie ponga coto a esta situación, pues nuestros dirigentes prefieren una población ignorante, para manejarla a su antojo que a una población culta e interesada en los problemas reales pues estos sólo suponen un conjunto de incomodidades políticas.

Respecto a la pregunta del comienzo como he explicado la respuesta es un claro no, pues en realidad vivimos en una oligarquía en la cual los políticos toman las decisiones con total indiferencia hacia los ciudadanos, los verdaderamente afectados por sus políticas, pues estos solo actuan en política cada cuatro años cuando – entonces sí – los políticos se lanzan a captar los votos que les van a dar el poder. Una vez pasan las elecciones, todo queda – como dice la expresión popular – en agua de borrajas.

Podemos decir pues, que vivimos en una gran mentira en la qué unos pocos manejan a una gran parte de la aborregada población, a la cual le cuentan cuentos sobre grandiosas propuestas o megainversiones para una población hambrienta de ilusiones.


Eduardo Garzón.
Artículo escrito en julio del 2007.

(Dedicado a Mario Corrales por animarme a seguir escribiendo).

No hay comentarios.: